Por: Lic. Lisa Lewin de Céspedes – Economista
La reciente decisión de Bolivia y Brasil de fortalecer la seguridad en nuestra frontera, con acciones conjuntas contra el crimen organizado, es necesaria y merece nuestro respaldo.
Pero quienes vivimos en la frontera debemos hacernos una pregunta más amplia:
¿Queremos solamente una frontera más controlada o queremos también una frontera más desarrollada?
Puerto Suárez, Puerto Quijarro y toda la provincia Germán Busch tienen una ubicación estratégica. Estamos frente a Corumbá, conectados con Brasil, la Hidrovía Paraguay–Paraná y los corredores bioceánicos.
Nuestra frontera no debería ser vista solamente como un lugar donde hay que combatir el contrabando, el narcotráfico o la delincuencia.
También debe ser vista como una plataforma de oportunidades.
Seguridad y desarrollo no son conceptos opuestos. Al contrario: una región con inversión, empleo formal, empresas, turismo, infraestructura y oportunidades para sus jóvenes también construye mejores condiciones para combatir las economías ilegales.
Por eso es importante que, mientras se fortalecen los controles fronterizos, también avancemos en la modernización de nuestros pasos, la facilitación del comercio, la logística, el turismo y la atracción de inversiones.
La pregunta que debemos comenzar a discutir es sencilla:
¿Qué frontera queremos construir para los próximos 20 años?
Una frontera que solamente controle.
O una frontera segura, productiva, competitiva y generadora de empleo y oportunidades.
Nuestra ubicación geográfica es una ventaja. No podemos seguir tratándola como una periferia.
La frontera no es el final de Bolivia.
Es una de sus puertas hacia el mundo.






