Gabriel vende camisas en la avenida Mariscal Santa Cruz, en la ciudad de La Paz. Explicó que un accidente le obligó a dejar su trabajo para dedicarse a la informalidad, pero no se siente conforme debido a que debe enfrentar una serie de problemas, además de soportar el intenso frío o las lluvias. En horas de la noche debe competir con una gran cantidad de personas, quienes tratan de eludir el control de los efectivos municipales para instalar sus puestos improvisados.

Un reciente reporte del Instituto de Estadística (INE) establece que hay un incremento de casi un punto porcentual de jóvenes y mujeres en este sector durante el primer trimestre. El Centro de Estudios Económicos Sociales (CEES) desarrolló una aplicación para establecer las características de la informalidad en Bolivia y presentó una radiografía de este sector.

Aseguró que a escala nacional el sector informal alcanza “un preocupante 78,5%. Esto significa que casi ocho de cada 10 unidades económicas operan fuera de los marcos regulatorios, lo que limita la productividad y la capacidad de recaudación del Estado”, señala. Establece que, si bien la informalidad urbana se sitúa en un 71,7%, la situación en el área rural es “crítica” hasta alcanzar un 92,2 por ciento, esta “disparidad evidencia una desconexión en el acceso a empleos de calidad y protección social entre el campo y la ciudad”.

Lo preocupante es que la ocupación informal se encuentra en ascenso, es decir que la “tasa de ocupación informal total llega al 87,3 por ciento”. Pero más allá de estas cifras, “esto representa a millones de bolivianos sin seguro de salud, aportes jubilatorios ni estabilidad laboral, lo que configura una vulnerabilidad social latente ante cualquier crisis económica”.

El informe “Encuesta continua de empleo” que publica el INE establece que Bolivia registró una tasa de desocupación del 3,2% al primer trimestre, “nivel inferior al registrado en el mismo período de 2025 (3,8 %)”, lo que implica que se encontraría entre los más bajos de la región.

En Chile, por ejemplo, en 2025 llegó al 8,7%, mientras en Perú estuvo por el 6,6%. Sin embargo, los registros del INE incorporan a las personas que salen a vender algunos dulces como trabajadores. Este sector hasta marzo llegó al 84,2%, “cifra superior a la registrada en el mismo período de la gestión 2025 (82,6 %)”, además, “tanto para mujeres y jóvenes, la ocupación informal es superior a la de los hombres, con 85,9 % y 93,2 %, respectivamente, en comparación con lo registrado en el primer trimestre de 2025 (85 % y 92,1 %)”.

La Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó un total de 4,817 millones de personas en el primer trimestre, que representa un incremento del 1,1% respecto a similar período de 2025. Además, la Tasa Global de Participación (TGP), se situó en 75,8% en el área urbana, lo que refleja “la disponibilidad de mano de obra para la producción de bienes y servicios”.

En este indicador, la participación masculina alcanzó el 81,5 por ciento, que evidencia una mayor presencia en la fuerza laboral en comparación con las mujeres, que registraron un 70,5%. Por otro lado, la tasa de ocupación (TO), que representa el porcentaje de personas ocupadas respecto a la población en edad de trabajar, llegó a 73,3% hasta marzo en el área urbana del país. Los hombres registraron una TO de 79,4%, una diferencia de 11,7 puntos respecto a las mujeres.

Retos o desafíos

La informalidad reduce el acceso a derechos laborales, como pensiones para la jubilación o seguros, y limita la recaudación fiscal para políticas públicas del Estado.

Además, en regiones como el departamento de Potosí, con una fuerte vocación minera, la falta de infraestructura productiva perpetúa el ciclo de informalidad.

La población económicamente activa es la que se ve más afectada por la falta de oportunidades porque la informalidad no es solo económica, sino social.

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