Por: Lic. Lisa Lewin de Céspedes/ Economista
Las grandes transformaciones económicas de los países nacen cuando sus gobernantes son capaces de convertir las crisis en oportunidades. Bolivia atraviesa un momento complejo: escasez de divisas, disminución de la inversión, desaceleración económica y la necesidad urgente de generar empleo y aumentar las exportaciones. Sin embargo, estas dificultades también representan la oportunidad de replantear el modelo de desarrollo nacional.
Ha llegado el momento de que Bolivia deje de concentrar su mirada únicamente en el eje tradicional de desarrollo y construya una estrategia nacional desde sus regiones fronterizas, aquellas que diariamente conectan al país con los mercados internacionales. Las fronteras no deben seguir siendo consideradas territorios alejados del poder de decisión; deben convertirse en plataformas de integración, producción, logística, comercio e inversión.
La Provincia Germán Busch, en el extremo oriental del país, reúne condiciones que pocas regiones poseen: limita con Brasil, la mayor economía de Sudamérica; cuenta con acceso a la Hidrovía Paraguay-Paraná, conexión ferroviaria, infraestructura portuaria, riqueza natural y una ubicación privilegiada para integrarse a las cadenas internacionales de comercio. Estas ventajas la convierten en el escenario ideal para impulsar una Zona Económica Especial de Desarrollo, capaz de atraer inversiones, industrializar la producción, generar empleo y fortalecer las exportaciones bolivianas.
No se trata únicamente de una propuesta para la Provincia Germán Busch. Se trata de una alternativa nacional para diversificar la economía, generar divisas y posicionar a Bolivia como un actor competitivo en el comercio regional e internacional.
Es tiempo de comprender que el desarrollo del país también puede construirse desde sus fronteras. Allí donde Bolivia se encuentra con el mundo, existen oportunidades extraordinarias para impulsar una nueva etapa de crecimiento económico. La Zona Económica Especial de Desarrollo Germán Busch representa precisamente esa visión: transformar una región fronteriza en un motor de desarrollo para toda la nación.
«Las fronteras no deben ser vistas como el final del país, sino como el punto de partida de una estrategia nacional de desarrollo e integración con el mundo.»






