Desde 2005, Bolivia tiene los segundos precios más bajos de diésel y gasolina de toda la región, a excepción de un breve periodo cuando escaló unos puestos por encima de Ecuador y Colombia, tras el retiro parcial de la subvención a los hidrocarburos en diciembre del año pasado. La urgencia de una quita total del subsidio y otras políticas destinadas a reactivar el sector reflotan ante la escasez persistente de los carburantes en el eje central y la advertencia de medidas de presión.
Una sistematización al 10 de agosto realizada por la Fundación Jubileo muestra que en Perú el diésel es el doble de caro y la gasolina, cerca del triple; exactamente se paga por ellos 118,29% y 172,41% más.
En Argentina, el diésel cuesta 86,59% más y la gasolina, 137,93% más; en Brasil 57,32% y 122,41% más; en Paraguay, 63,41% y 108,62% más, y en Chile, 62,20% y 174,14% más.
Gastar menos por los carburantes que en países vecinos podía ser una buena noticia, pero hace más de tres años que estos escasean en los surtidores por la caída de la producción nacional, el contrabando y la falta de dólares para importarlos.

En diciembre de 2025, un mes después de asumir, el gobierno de Rodrigo Paz, heredero de la crisis gestada en las administraciones del Movimiento Al Socialismo (MAS), determinó que el precio de la gasolina especial subiera de 3,79 a 6,96 bolivianos, mientras que el diésel pasó de 3,74 a 9,80 bolivianos. No fue un retiro total de la subvención en el caso de la gasolina y mucho menos se indexaron los precios al mercado internacional, como habían recomendado expertos en el área.
Por ello, cuando el precio internacional del petróleo volvió a aumentar, ante los vaivenes de la geopolítica internacional, el Estado se vio nuevamente en problemas.

Este último tiempo la situación se ha tornado álgida. Esta semana, transportistas sindicalizados y productores volvieron a lanzar una conminatoria al Órgano Ejecutivo ante las filas que no desaparecen de los surtidores.
SIN RESOLUCIÓN
“El problema sigue siendo el mismo: las cosas estructurales no se han resuelto. En el corto plazo esto va a seguir como las olas del mar que van y vuelven: el desabastecimiento, las filas”, dice a CORREO DEL SUR Raúl Velásquez, analista en Hidrocarburos de Jubileo.
Vuelve a identificar como necesidades urgentes la puesta en vigencia de precios reales, la solución total a la falta de divisas y, a mediano y largo plazo, acciones para revertir la caída de la producción.
“Mientras no haya dólares en la economía, no importa si le dejas al privado importar o si lo sigue haciendo YPFB; cualquiera de los dos requiere dólares”, remata.
A raíz de la escasez de combustibles volvió a hablarse con fuerza de la importación por parte de privados. El viernes, el Comité de Defensa del Productor en Santa Cruz exigió al Gobierno la “liberación total y definitiva” del mercado de combustibles, además de la eliminación de impuestos para este fin; cuestionó que las normas dictadas en junio mantengan la obligación de suscribir contratos con YPFB y de obtener autorizaciones de la ANH.
Ante este panorama, Jubileo insiste en su propuesta de vincular el precio de los hidrocarburos en Bolivia a los precios internacionales y acompañar la medida con políticas focalizadas hacia los grupos más vulnerables.
En Perú, el gobierno de la flamante presidenta Keiko Fujimori anunció un subsidio focalizado de entre 15% y 20% sobre el precio del diésel, para transportistas de carga, pasajeros, mototaxistas y operadores de transporte fluvial, inicialmente por tres meses. Así respondió al incremento sostenido de los combustibles en Perú debido a la fluctuación del precio internacional.
Velásquez recuerda que Ecuador y Colombia salieron de la subvención el año pasado; el último empezó su proceso en 2021.
“Nosotros vamos muy tarde”, advirtió.
En Venezuela, el único país que tiene una subvención mayor a la boliviana, existe un cupo mensual altamente subsidiado a través del llamado Carnet de la Patria, pero la mayor parte del parque automotor debe abastecerse en el mercado dolarizado, registrándose además un mercado negro persistente en el interior del país por problemas en la refinación.
EN CHUQUISACA
En Chuquisaca, las filas por carburantes no son tan extensas en comparación con Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, pero los choferes están molestos debido a que realizan viajes a esos departamentos, donde sufren por el desabastecimiento.
REPASO A LAS FILAS
Las filas en las estaciones de servicio por diésel y gasolina comenzaron en 2023, aunque en 2022 agroindustriales ya denunciaban escasez, según una revisión de archivos efectuada por CORREO DEL SUR.
El gobierno de Luis Arce anunció desde militarización de los surtidores hasta un referéndum para retirar la subvención, algo que finalmente nunca decidió.
No hubo una resolución, salvo por periodos cortos; en cambio, la crisis se agravó con los bloqueos que protagonizaron sectores afines a Evo Morales. Arce responsabilizó al expresidente del que fue su ministro de Economía por no haber generado las condiciones para evitar la caída de la producción de gas y, con ella, la merma de la exportación y de divisas para comprar líquidos.
EN VENEZUELA
Venezuela es el único país que tiene una subvención mayor a la boliviana. Allí existe un cupo mensual altamente subsidiado a través del llamado «Carnet de la Patria», pero la mayor parte del parque automotor debe abastecerse en el mercado dolarizado.
PUNTO DE VISTA
“El problema del diésel y la gasolina continúa. El Presidente volvió a pedir disculpas por las dificultades de abastecimiento, gesto que humanamente se agradece, pero económicamente comienza a mostrar rendimientos marginales decrecientes. Las disculpas pueden aliviar el espíritu; lamentablemente todavía no mueven tractores, camiones ni cosechadoras (…)
Podemos aprobar la mejor Ley de Inversiones de América Latina, ofrecer incentivos tributarios, crear ventanillas únicas y recibir a los inversionistas con alfombra roja, café de especialidad y banda militar. Pero si al final de la alfombra no hay diésel, gasolina, gas o electricidad confiable, la inversión difícilmente llegará muy lejos. Sin seguridad energética no existe seguridad económica”.
Gonzalo Chávez, economista, en sus redes sociales






