El áspero intercambio la noche del domingo en el primer debate a una semana del balotaje entre el presidente Lula da Silva y el retador conservador Flavio Bolsonaro “difícilmente moverá la aguja del electorado” señaló el análisis de la revista Veja. Bolsonaro logró poner nervioso a Lula, que demoró en encontrar su eje, pero la ausencia de propuestas es el comentario más reiterado.
Ayer, la empresa BTG/Nexus difundió su último sondeo que reafirma el empate, con una diferencia para Bolsonaro de 50,3% de los votos validos (sin blancos o anulados) contra 49,7% de Lula. La incertidumbre la amplió otra encuestadora, Vox Brasil que en las últimas horas señaló que el presidente ganaría la contienda con 51% de apoyo contra 49% de su rival, dos puntos abajo dentro del empate técnico. Esa firma fue la única que acertó el resultado de la primera vuelta lo que le da relevancia a ese pronóstico.
Aunque no el único. “Decepcionante”, “triste”, “vergonzoso”, “desafortunado”, “irresponsable”, “una farsa”, consigna implacable el portal de Estadão de un estudio de investigación cualitativa entre votantes que realizó en simultáneo con el debate el politólogo Renato Dorgan del Instituto Travessia.
En los cruces muy duros Lula da Silva utilizò con insistencia el modelo argentino de Javier Milei como ejemplo de los ajuste sque sobrevendràn si llega su rival a la presidencia. “Vos continuás diciendo que tu modelo es el modelo de Milei. ¿Sabés cuánto es la pobreza de Argentina? ¿Sabés cuánto es el desempleo? ¿Sabés cómo está la economía? Ya le pediste la motosierra a Milei?.
Posiblemente lo peor lo señaló Pedro Venceslau, el columnista político de CNN Brasil. Sostuvo que “la constante dinámica de ataques mutuos pareció estar completamente ensayada para la edición posterior en el horario electoral y la creación de cortes para redes sociales”. No fue entonces una falla, fue el objetivo.
En ese sentido llamó la atención la postura un tanto teatral del senador conservador con sus gestos a espaldas de Lula haciendo muecas o negando con la cabeza y sonriendo mientras este hablaba, maniobras muy ensayadas en el molde de las famosas de Donald Trump en sus debates. Pero el costo es que ese comportamiento pudo haber fulminado un activo importante del desafiante que lo ubicaba hasta ahora como el más moderado de su familia, por encima incluso de su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro.






