La presencia de vehículos indocumentados, conocidos popularmente como autos «chutos», se ha convertido en una herida abierta para la economía y la legalidad en Bolivia. El término «chuto» se refiere a un vehículo que ha ingresado al país de forma ilegal, evadiendo los controles aduaneros y los impuestos de importación. Estos autos, a menudo robados en países vecinos o con documentación fraudulenta, circulan sin un registro legal, sin seguro y, en muchos casos, sin las condiciones mecánicas adecuadas para garantizar la seguridad vial. Se estima que el número de estos vehículos supera hoy el millón, una cifra que evidencia la incapacidad del Estado para controlar su ingreso irregular y que perpetúa un estado de ilegalidad. Este fenómeno no solo afecta las finanzas públicas, sino que también crea un mercado paralelo de combustible y socava la moral de quienes sí cumplen con la ley y pagan sus impuestos.

El problema en profundidad

El fenómeno de los autos chutos es mucho más que una simple falta administrativa. Su existencia y proliferación generan un círculo vicioso de problemas económicos, sociales y de seguridad.

Impacto económico: La evasión de impuestos aduaneros por la importación ilegal de estos vehículos representa una pérdida millonaria para el Tesoro General de la Nación (TGN). Estos recursos, que podrían ser invertidos en infraestructura, salud o educación, se pierden en la informalidad. Además, la presencia de un parque automotor indocumentado distorsiona el mercado legal de vehículos, afectando a los importadores formales y a la industria nacional. Aquellos que cumplen con todos los requisitos legales y tributarios se ven en desventaja frente a quienes no lo hacen.

Seguridad vial y ambiental: Los autos chutos a menudo no cumplen con los estándares de seguridad mínimos. Carecen de mantenimiento adecuado, y muchos de ellos son modelos antiguos que emiten altos niveles de gases contaminantes. Esto no solo contribuye a la contaminación del aire en las ciudades, sino que también aumenta el riesgo de accidentes de tránsito, ya que estos vehículos no están sujetos a la revisión técnica vehicular obligatoria. La falta de un seguro también deja a las víctimas de posibles accidentes en una situación de total desprotección.

Inseguridad y criminalidad: El contrabando de vehículos está intrínsecamente ligado a redes criminales. Muchos de estos autos son robados en países vecinos como Chile, Brasil, Argentina y Paraguay. La ausencia de controles efectivos convierte a Bolivia en un destino seguro para el comercio ilícito de autos robados, lo que no solo deteriora las relaciones con los países vecinos, sino que también fomenta la actividad delictiva transfronteriza.

¿Por qué es importante nacionalizar estos vehículos?

La nacionalización de un vehículo chuto implica un proceso de formalización en el que se le otorga un estatus legal, permitiéndole circular dentro del país de manera regular. Este proceso es crucial por varias razones que van más allá de la simple regularización:

Generación de ingresos fiscales: La nacionalización representa una oportunidad única para el Estado de recuperar una parte de los impuestos perdidos. A través de un proceso controlado, los propietarios pueden pagar una tarifa de regularización que, aunque sea reducida, sumada por la gran cantidad de vehículos, generaría una cantidad significativa de ingresos para el TGN. Estos fondos podrían ser utilizados para financiar proyectos de desarrollo en las mismas comunidades donde circulan la mayoría de estos vehículos.

Mejora de la seguridad: Al someter a estos vehículos a un proceso de revisión técnica vehicular, se asegura que cumplan con estándares básicos de funcionamiento y seguridad. Esto reduce el riesgo de accidentes causados por fallas mecánicas y contribuye a la mejora de la calidad del aire al controlar los niveles de emisiones de gases contaminantes. Este paso es fundamental para proteger la salud pública y el medio ambiente.

Más elementos

Combate al mercado paralelo de combustible: Los vehículos indocumentados son los principales beneficiarios de la subvención estatal a los combustibles. Prohibir la venta de carburantes subvencionados a estos vehículos, como se ha propuesto, no solo atacaría una de las principales fuentes de «sangrado» para el Estado, sino que también presionaría a los propietarios a formalizar su situación. Esto ayudaría a transparentar el uso de los recursos públicos y a dirigir el subsidio a quienes realmente lo necesitan.

Renovación del parque automotor: La nacionalización de estos autos permite un registro más preciso del parque automotor del país. Esto es vital para la planificación urbana y para la implementación de políticas de renovación vehicular a futuro. Un parque automotor formalizado es más fácil de gestionar y de modernizar, lo que a largo plazo beneficia a la economía y al medio ambiente.

Fomento de la legalidad: Al ofrecer un camino legal para la regularización, el Estado envía un mensaje claro: la ilegalidad no es la única opción. Se fomenta una cultura de cumplimiento de la ley y de responsabilidad cívica, lo que es fundamental para el desarrollo de un Estado de derecho.

Una solución estructural y atemporal

Es hora de que alguien «agarre el toro por las astas» y plantee una solución real al problema. El anteproyecto de ley del «Transporte Agroproductivo» del Diputado Miguel Roca S. busca precisamente eso. La propuesta tiene la virtud de no ser una medida de excepción o un «perdonazo», sino una solución estructural y atemporal. Al reducir la excesiva carga tributaria y eliminar las restricciones de importación basadas en la antigüedad, se busca hacer más rentable y accesible la vía legal para adquirir un vehículo. De esta manera, se desincentiva la importación ilegal de vehículos y se regulariza de forma transparente el parque automotor existente.

Para garantizar que esta ley sea un éxito y no un incentivo para el contrabando, es crucial que se incorporen mecanismos rigurosos de verificación. Se podría solicitar una certificación de los países de origen o, alternativamente, requerir información del VIN (Número de Identificación del Vehículo) al momento de la nacionalización para verificar su estatus legal. Esto es fundamental para evitar que Bolivia se convierta en un «basurero de carros» y para no legitimar la actividad criminal del robo de vehículos.

El debate en marcha sobre los autos ‘chutos’

El tema ha generado controversia, como la observación de un parlamentario chileno a la propuesta de Rodrigo Paz Pereira, candidato presidencial boliviano. Es fundamental aclarar que esta es una cuestión de política interna de Bolivia. La solución definitiva debe venir de las autoridades y de la sociedad boliviana, sin injerencias externas. Debe dejar claro que en ningún caso se permitirá la nacionalización de vehículos que son fruto de actividades criminales.

Con una estimación de más de un millón de vehículos indocumentados circulando en el país, principalmente en áreas rurales y alejadas, y un parque automotor legal cada vez más obsoleto, la situación es insostenible. El costo fiscal para el Tesoro General de la Nación (TGN) por la solución propuesta representa aproximadamente el 1% de los ingresos tributarios nacionales, una inversión mínima para los beneficios que se obtendrían en términos de legalidad, seguridad vial, ingresos municipales y renovación vehicular.

En resumen, la tendencia legal es buscar soluciones estructuradas a través de leyes que permitan la nacionalización con controles estrictos para evitar la legitimación de vehículos robados, con un enfoque en reducir la ilegalidad y preservar la seguridad vial y fiscal. Estas iniciativas se plantean sin que se haya aprobado aún una ley definitiva, y el debate sigue activo en el Congreso y la sociedad boliviana. El momento de actuar es ahora./LR

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