En el marco del Día Mundial de la Salud, el exjefe departamental de Salud, César Ríos Escalier, advirtió que la diabetes se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública en Bolivia, no solo por su alta prevalencia, sino por las graves complicaciones que genera cuando no es detectada y controlada a tiempo.

Según datos nacionales, alrededor del 20% de la población vive con diabetes, esto implicaría que aproximadamente 2,4 millones de bolivianos padecen la enfermedad, es decir, 2 de cada 10 personas.

Sin embargo, el dato más preocupante —según Ríos— es que uno de cada cuatro no sabe que tiene diabetes, lo que retrasa el diagnóstico, dificulta el tratamiento oportuno y eleva significativamente el riesgo de complicaciones irreversibles.

“El problema no es solo la diabetes en sí, sino lo que viene después”, explicó. En ese sentido, citó un dato crítico: de cada 10 pacientes con enfermedad renal que requieren diálisis, 9 son diabéticos. Esto refleja que la diabetes es hoy la principal causa de daño renal grave en el país.

El especialista detalló que el exceso de azúcar en la sangre actúa como un “veneno silencioso” que deteriora progresivamente los riñones. “Durante años no da síntomas, pero va dañando los filtros renales hasta que dejan de funcionar. Cuando eso ocurre, el paciente necesita diálisis para sobrevivir”, señaló.

Aunque no existen cifras desagregadas actualizadas en cada región, los médicos trabajan con proyecciones basadas en tendencias nacionales. Bajo ese criterio, y considerando que hasta el 20% de la población podría vivir con diabetes, se estima que 2 de cada 10 personas en cada municipio estarían afectadas por esta enfermedad, en un contexto marcado por factores de riesgo como la alimentación alta en carbohidratos, el sedentarismo, la falta de espacios para actividad física recreativa y el diagnóstico tardío.

Para Ríos Escalier, enfrentar esta realidad exige un cambio de enfoque. “No podemos seguir viendo la diabetes solo como una enfermedad individual. Es una epidemia silenciosa vinculada al estilo de vida y al entorno”, afirmó.

En esa línea, planteó la necesidad de una estrategia integral que priorice la prevención, con acceso real a alimentación saludable, reducción del consumo de azúcares y promoción de la actividad física cotidiana. “No se trata de deporte competitivo, sino de salud recreativa: caminar, usar espacios públicos, moverse más”, enfatizó.

Asimismo, subrayó la urgencia de implementar campañas de detección temprana, fortalecer el primer nivel de atención con seguimiento continuo a pacientes, garantizar el acceso a medicamentos y desarrollar procesos sostenidos de educación comunitaria.

Otro punto crítico es la falta de información local. “Sin datos actualizados no se pueden diseñar políticas efectivas. Necesitamos saber cuántos pacientes hay y dónde están”, advirtió.

El exjefe de Salud insistió en que la clave está en la articulación institucional entre municipio, Gobernación, universidades, sistema de salud y sociedad civil. “Si no invertimos en prevención y en cambios de hábitos, vamos a seguir llegando tarde, cuando la enfermedad ya es costosa, crónica y muchas veces irreversible”, concluyó.

La advertencia es clara: la diabetes no solo eleva el azúcar en la sangre, sino que puede derivar en complicaciones graves como la insuficiencia renal. Sin una respuesta integral desde la salud pública, su impacto seguirá creciendo en silencio.

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